viernes, 18 de noviembre de 2011

ANDANDO

El sol navarro de la tarde otoñal pica mi brazo desnudo y moreno que se agita sobre el papel. Me hallo sentado en un banco, calzado de mis sencillas alpargatas de cuero y mirando a la iglesia de Santa María la Real. Después de extasiarme frente a la famosa portada románica, me siento en el interior silencioso para gozar de unos instantes de paz. Afortunadamente no hay nadie y el sacristán espera pacientemente, para cerrar la iglesia, a que tenga a bien salir. No alcancé a ver el convento de San Francisco de Asís, cosa que me hubiera gustado en honor del primer franciscano peregrinó a Compostela en 1212.

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